El Valle de La Berrueza se caracteriza por su tierra rojiza debido a su abundante hierro, por lo que es muy rica para la agricultura, especialmente para cultivar cereal.

Respecto al nombre, ‘Berrueza’, hay diversas teorías. Una de ellas es que procede de berrueco -piedra-, ya que el valle contiene un sinfín de sierras, montañas y piedras. La piedra de este valle se distingue por ser arenosa, de un color marrón rojizo, similar al chocolate, pudiendo apreciarse en los sillares de las iglesias y casas palaciegas.

La Sierra de Lóquiz y el Valle de Lana bordean el Valle por el norte, marcando un límite que lo preserva de un clima más frío y húmedo. Así, su clima es mediterráneo, con inviernos suaves y más templados que antaño y veranos calurosos. La Sierra de Codés alberga este valle por el lado oeste y la Sierra de Cábrega y San Gregorio la circundan por el sur. Por el este limita con el Valle del Ega, más llano y menos montañoso.

Desde lo alto de la Sierra de Lóquiz, Codés, San Gregorio Ostiense, el Monte Estemblo o la ermita de Santa Coloma se puede gozar de unos paisajes espectaculares y divisar en días soleados hasta el Moncayo.

En primavera el Valle es de un verdor propio de un océano: parece un mar de cereal verde aterciopelado. En verano las montañas están siempre verdes y en las hondonadas aparecen los cortes amarillos del cereal. Y en otoño e invierno resaltan las tierras rojizas, que auguran buenas cosechas y variadas.

Los pueblos que conforman este valle son Acedo, Asarta, Nazar, Otiñano, Mirafuentes, Ubago, Mues, Sorlada, Piedramillera y Mendaza. Anteriormente existieron otros como Desiñana, Estemblo, Granada de Ega o Villamera, hoy despoblados.

Al igual que los pueblos de montaña y otras regiones, también hemos sufrido un progresivo despoblamiento desde comienzos del siglo XX. Las personas mayores marcharon a América y las de generaciones posteriores a Alemania, Francia, a capitales de comunidades limítrofes o a zonas de Navarra donde se ha concentrado la industria.

Pero el amor a la tierra está permitiendo que algunos pueblos sobrevivan, ya que algunas personas tras jubilarse, vuelven para todo el año o, al menos, en épocas de primavera y verano.

Las casas de cualquier pueblo del valle son muy hermosas, en piedra, con revoque blanco, algunas con piedra de sillería, sólidas, generalmente de tres pisos: una planta baja donde se hallaba el ganado, el primer piso donde se vive, y el ático, lugar para el granero y almacén de heno.

Y las iglesias son imponentes, casi todas ellas con piedra de sillería bien labrada y de un porte señorial. Destaca la de Ubago (en honor a San Martín de Tours), del siglo XII y estilo románico.

Al visitar este valle es obligado pasear por el bosque, conocer sus pueblos, calles y palacios, y sus monumentos naturales: la Encina de las Tres Patas en Mendaza, de más de mil años de vida, de la especie Quercus ilex, y la de Cábrega en Ubago, con un porte grandioso, de la especie Quercus rotundifolia, conocida como carrasca, que es la que predomina en los montes de la zona.

También son de obligada visita la basílica de San Gregorio Ostiense -considerada una de las diez maravillas de Navarra, de estilo barroco-, el santuario de Nuestra Señora de Codés -con un paisaje de hayas y robles espectacular-, las ermitas de Santa Coloma y Arquijas y otras ubicadas en las colinas y sierras que circundan el Valle.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *